lunes, 4 de julio de 2011

FRAGMENTOS DE REALIDAD - cap. 1

Se dice que el mundo en que vivimos no es más que una creación de nuestras  mentes, el inconsciente colectivo, en la que todos creemos sin darnos cuenta, creando así una realidad. Muchas personas pueden vislumbrar a través de sueños fragmentos de otra realidad…este es uno de esos casos.


I-  SUEÑOS.

Una fría noche de invierno, en una habitación en el cual se filtraba, como un silbido lejano, el viento. Una figura envuelta entre colchas se agitaba y movía bruscamente  en su lecho. La habitación construida de material noble contenía fisuras en su estructura y en el techo de eternit húmedo colgaba un fluorescente circular que titilaba descompuesto, como un ojo que lo observaba todo.

Despertó sudando, como si hubiera corrido una maratón; tenía el ceño fruncido por no ser la primera vez que le sucedía. Se sentó sobre su cama a meditar, no era la primera vez, de eso estaba seguro. Lanzó un largo bostezo y se puso de pie, acomodó las colchas lentamente y se mudó de ropa lo más rápido que pudo.

Su nombre era Sebastián y trabajaba cada mañana como seguridad en un mercado cercano a su casa, al que todos los días llegaba temprano a cumplir su deber. Su vida estaba plagada de esfuerzos en la loca carrera de subsistencia, en su afán de de mejorar la poca calidad de vida que poseía y por los sueños que deseaba cumplir. Pero últimamente su desempeño en el trabajo no estaba siendo muy bueno, hasta el punto de correr riesgo de despido, ¿la causa? No podía dormir bien por las noches, por culpa de pesadillas extrañas. Aquellas pesadillas no eran muy diferentes y se podría decir que seguían un patron parecido. En todas ellas se encontraba en una avenida desierta, interminable,  a la luz de los postes eléctricos, sintiéndose totalmente desorientado.

El caminaba lentamente entre aquella tétrica pista, girándose sobre si mismo al oír pasos lejanos acercándose. Escuchaba silbidos, las gotas de un caño chisporroteando en un fregadero, el timbre de las casas sonar. Y él aceleraba la marcha al sentirse observado en aquella desolación.

Y la verdad que cada sueño comenzaba siempre de la misma forma que la primera, pero  siempre podía avanzar un poco más el tramo anterior, y cada tramo anteriormente soñado  lo surcaba aceleradamente, hasta llegar al nuevo. Tres segundos, siempre tres segundos de aceleración, luego la estabilidad. Él no hacía más que seguir.

Llegó a tal punto de creerse carcomido por aquellos sueños cuando estos empezaron a ser más recurrentes y hasta casi diarios. Llegaba tarde a su empleo, con los ojos rojos, hinchados, el cabello mal peinado y con una cara totalmente insomnica. Sus superiores lo derivaron a un hospital cercano, no sin antes decirle: ´´Un buen descanso te espera, muchacho´´. Aquello no era más que una manera cordial de decirle que había sido cesado temporalmente. Todo eso gracias a sus malos sueños.

Hizo lo que le recomendaron y fue al hospital. El doctor, un tipo bajito de amplia sonrisa y largos cabellos canos, que lo atendió le medicó ciertos sedantes para que se relaje. Le comentó que sus malos y recurrentes sueños se debían a una mala alimentación y al poco descanso al que se cometía. Sin lugar a dudas Sebastián tomó ese diagnostico como algo tonto, pero cierto, y salió del consultorio rumbo ha alguna farmacia donde conseguir el medicamento indicado en su receta.

No entendía muy bien por qué le pasaba aquello, por qué sentía miedo...de dormir.

Se hallaba sentado en medio de su pequeña sala, sobre la mesa sus codos eran dos parantes que sostenían con las manos entrecruzadas su cabeza. Sus ojos cerrados y el silencio a su alrededor le propinaban pensamientos, ideas del significado de aquellas pesadillas. Tan solo había una manera de averiguarlo se decía, y aquel método le producía espanto. Ensimismado en sus pensamientos escuchó el llamado del reloj que gritando le recordó la hora: 10:00 p.m. Se puso de pie y caminó hacia su habitación; parecía débil al andar pero resuelto a terminar el camino.

Resolvió no tomar los sedantes.             
  

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