lunes, 4 de julio de 2011

FRAGMENTOS DE REALIDAD - cap. 2

II-  UN DESPERTAR DOLOROSO.

El techo oscuro de la habitación era una pizarra mostrando el infinito, una imagen tras otra  surcaba  aquel espacio. No podía conciliar el sueño, cerraba los ojos llamando al sopor mientras el miedo arrancaba  sus ganas. Sus ojos, aterrados, estaban abiertos.  

Fue tan real y horripilante. Se hallaba  sentado, apoyado en el respaldar de la cama. Sus ojos sustraídos, alejados, de aquella escena. Era una extraña forma de encontrarse dormido, sumergido en un sueño que nunca buscó. De alguna manera u otra recorrió velozmente el último sueño y se encontró parado en medio de la pista nuevamente, sólo, amparado bajo postes eléctricos, titilantes. Percibió una figura a lo lejos, un bulto, una sombra colgada en medio del camino. No quiso avanzar, pero, era un sueño, no podía controlarlo del todo y aun así se resistía a hacerlo. No se daría por vencido, otras noches pudo llegar a darse cuenta, ser consciente y no dejarse manipular por su mente, trató de calmarse y seguía caminando. Pensó ``Quiero detenerme``, y siguió andando, “Quiero detenerme”  imploró, como un rezo, con más fe y se detuvo.

Sabía que lo logró, se le erizaron los pelos de la nuca inmediatamente. Ya no había marcha atrás. El miedo como único acompañante no era un consuelo para él; hubiera preferido otro tipo de sueño, alguna fantasía exótica (y otro tipo de compañía), sin duda se hallaba en el polo opuesto.

El cielo, no se había percatado hasta ese momento aquello: oscuridad infinita, un mar negro, la nada en su máxima expresión. Ni un ciego podría ´´vislumbrar´´ aquella cegadora oscuridad. Eso era, mirar el cielo era dejarse envolver completamente por la más aterradora nada.

Volvió a mirar hacia el bulto y siguió caminando. Sentía que las luces se apagaban tras de si, aun así no quiso mirar atrás y verificarlo. Sus zancadas iban incrementando de velocidad, quería terminar con todo esto de una vez; ya estaba frente al bulto, era como una colmena negra flotante, su tamaño era mayor a la de él. Se sentía un frío gélido a su alrededor, aquella sombra ocupaba casi todo el ancho de la pista y la única forma de seguir era cercándolo.

No había otra opción. ¿Qué era aquello?, ahora que la conciencia y la razón se hallaban con él, no dejaba de temblar. Quizá no debiera seguir, ¿aquello sería una advertencia?

Parado frente a la sombra, sin decir nada y soñando, Sebastián, rodeó aquel esferoide negruzco, y sintiendo el frió en los huesos, atravesó el obstáculo. Pero, ¿Podría ser posible? Ya a treinta pasos podría jurar que sentía aquel frió otra vez sobre su piel, sobre su espalda, tras de él.

Ni por un millón de dólares voltearía a mirar. El camino al frente era bastante extenso y atemorizante, y sin duda alguna era la hora de echarse a correr. Como un loco se precipitó hacia adelante, dejando atrás las sombras, al helado viento, y un zumbido nuevo empezó a campanear en sus oídos, era ¿el sonido de un celular? 

Su curiosidad pudo más. Se detuvo lentamente, barriendo con la mirada el camino trataba de hallar el generador de aquel timbre. Su vista se posó sobre una grieta, dentro del cual había algo agitándose, vibrando. De pie frente a aquel descubrimiento tuvo que hacer algo primero, apretó los dientes, tragó saliva y miró sobre su hombro: Nada. Todo estaba relativamente ´´normal´´, las luces tras él estaban encendidas, pero hubo algo que le corto la respiración por un segundo, el bulto gigante había desaparecido.

´´Espero no volverlo a ver más´´ - Se dijo para si.  Se arrodilló para recoger el objeto y exactamente como lo supuso era un celular, uno no muy moderno. Reconoció el celular, era idéntico al primero que tuvo en su vida, fue un regalo de su madre, a la única que amaba tanto en esta vida. Ella había fallecido tras un año desde aquel regalo.

El aparato empezó a sonar tan de repente que lo asustó, lo dejo caer al suelo y siguió con el sonido. Sebastián lo cogió nuevamente, lo observó detenidamente y un mensaje de texto encontró.


“Estamos tras de ti”


Otra vez un viento helado le recorrió el cuerpo, apretó los ojos y pensó en rezar. Muy tarde. Su espalda fue desgarrada y mucha sangre regó el camino, se sintió desvanecer mientras abría los ojos, su visión se empañó y el lugar parecía arremolinarse lentamente.

Era aún de noche. Despertó fuera de su cama, boca abajo, no se podía mover, se preguntó si era por la impresión de aquella pesadilla y de pronto vio un charco negro que brillaba a su alrededor, era su sangre, maquiavélicamente bañada por la luz que se colaba por la ventana.

No supo cuanto tiempo estuvo tirado en el suelo hasta el momento que escuchó la puerta siendo destrozada, eran los paramédicos los que entraron a través de ella. En el hospital fue derivado a emergencias inmediatamente. En la sala de operaciones escuchó  a los cirujanos hablar mientras le aplicaban anestesia y antes de quedarse profundamente dormido una imagen saltó a su mente, la última mirada a su pesadilla, unas sombras se reunieron entorno a él antes de despertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario