lunes, 23 de agosto de 2010

El extraño

Aquella noche siempre será recordada por todo el pueblo, será una huella imborrable… Esa vez nuestro pueblo fue salvado de la destrucción por una sola persona, alguien que tenia el poder y la fuerza de un dios…

La historia que estoy a punto de relatarles sucedió ciertamente hace ya muchos años, apenas era un niño cuando todo aconteció. Mis padres llegaron a huir de Ñuri, nuestro pueblo, que había caído en desgracia en tan solo una semana después de celebrar una fiesta patronal. Antes de nuestra huída llegó un forastero, él fue nuestra salvación, pero ahora les contare como comenzó todo…

Una noche como tantas, oscura y con luna llena, cerca a la chacra de la familia Jirarcas se encontró el cuerpo sin vida de un pequeño niño, este presentaba una profunda herida en el pecho, y cuando fue revisado se llevaron una gran sorpresa, le faltaba el corazón.

Pronto los rumores se apoderaron del pueblo, la noticia caló tan hondo que el horror a la noche se volvió palpable. Antes que oscurezca todos regresaban a sus casas, los pelos se erizaban ante cualquier ruido extraño y nocturno. No había policías en aquel lugar, como en todo pueblo pequeño en las serranías, y los guardianes del pueblo se escondieron por temor. Por las mañanas la gente hablaba de quienes podrían ser los culpables: brujos, pishtacos, demonios, jarjachas… una gran lista de opciones correctas. El pueblo tenía muchas creencias que sus ancestros les habían cedido gratuitamente y al parecer ahora confirmarían la veracidad de esos mitos.

Los niños ahora no se separaban de sus madres y ellas no dejaban que se alejen mucho, aunque habían algunos osados que se bañaban solos, sin ninguna mirada paterna, en el río. Transcurrieron dos semanas después del incidente y las cosas empezaban a reanimarse y a olvidarse cuando sorpresivamente dos campesinos fueron atacados bestialmente antes que el sol se ponga en el horizonte. Fueron encontrados con la mandíbula destrozada, faltaban las lenguas y otra vez, como la anterior víctima, sus pechos abiertos mostraban la sustracción del órgano vital. Las ropas ensangrentadas, desgarradas al parecer por enormes uñas fueron quemadas horas más tarde, antes de una reunión de emergencia.

La reunión concluyó cerca del amanecer y el resultado fue nombrar un mensajero para que trajese ayuda, es decir necesitaban ayuda armada y lo mejor era contratar “Ronderos” para atrapar al culpable de los asesinatos, seguramente no estaría muy lejos. Lamentablemente nuestro pueblo no contaba con armas, por lo tanto no había como defendernos, y contratar “Ronderos” era la elección mas sencilla, aunque el pueblo donde podíamos encontrarlos se hallaba a un día de camino, y a decir verdad muchos se negaron a cumplir la función de mensajero y el, de alguna manera, alcalde de Ñuri tuvo que tomar ese puesto.

El sol en todo lo alto anunciaba días trágicos en el futuro. Aun así el alcalde salió corriendo en busca de ayuda, no iba a ser sencillo, de ninguna manera, la oscuridad lo tomaría a medio camino, y la única arma que llevaba era una hoz. Ya de noche y caminando cerca de unas peñas rodeadas de maleza escuchó pisadas y una respiración agitada, se detuvo a escuchar, sujetó con ambas manos la hoz… un fuerte chillido saturó sus oídos, unos ojos rojos batieron la oscuridad de la noche frente a él. La luna sofocada de nubes empezó a liberarse dando a conocer a medias, la figura horrible de un ser.

Temblando de miedo la mejor idea era tratar de alejarse lo más rápido posible, pero, un segundo antes de ponerse a correr se sintió rodeado de miradas rojas, ya no había escapatoria alguna. Empuñando la hoz corrió en dirección de la más cercana, y antes de acertarle un golpe la bestia cayó fulminada al son de un estruendo. El disparo provenía de lo alto de un árbol, del cual bajó un tipo extraño vestido de manera extraña (sic), y empujando al alcalde al suelo se enfrento a los seres, tres disparos y un momento de forcejeo bastaron para exterminarlos. El alcalde le agradeció pero el extraño personaje parecía no hacerle caso y solo atinaba a cargar su escopeta con nuevas provisiones, sorpresivamente apuntó al alcalde y le pregunto si el había convocado a esas criaturas… él respondió que no y que su pueblo era víctima de aquellos entes del infierno. Justamente me dirijo hacia el siguiente pueblo a buscar ayuda de ronderos- continuó. El extraño le pidió que siguiese el camino y los trajese lo más rápido posible, él llegaría a Ñuri y trataría de hacer algo.

Un pueblo ardiendo en llamas fue lo que encontró el forastero cuando dio con el. Los pobladores corrían en todas direcciones casi asfixiados por el humo proveniente de las sucias viviendas de madera. Trató de frenar a uno de ellos en su huida pero no tuvo éxito, no le quedaba otra que usar la fuerza para recibir información.

Estábamos regresando a casa como acostumbrábamos hacer antes del anochecer y de pronto esos demonios, o lo que sean aparecían de todos lados, flanqueando el pueblo, le dijeron fugazmente. Esas cosas como les dices son Jarjachas, añadio el forastero. Las enormes garras de esos demonios ya habían herido a muchos y nada podía hacer para ayudarlos a levantarse, una sola cosa era clara, tenía que eliminarlos. Caminando hacia una de las calles tres criaturas detuvieron su andar, los ojos rojos sangre flameaban como el fuego, el disparo no hizo esperarse y cayeron dos, el tercero encima de él ya clavaba sus garras inmundas cuando un rápido movimiento de cabeza lo mantuvo aún con vida, cosa que aprovechó para patearlo lejos. Otro disparo se dejó escuchar dentro de las llamaradas extendidas por el lugar y el extraño se adentro aún más.

Nadie vió mas de lo que ahora les he contado pues todos huyeron del lugar, cerca del amanecer el alcalde llegó con los ronderos pero ya no había nada que defender, y el humo de las chozas cubriendo el lugar se fue disipando gracias a la matinal brisa helada. Los pobladores fueron regresando poco a poco, aún con miedo, mirando a todos lados, temiendo un nuevo ataque.

Hasta ahora no se han registrado ataques como esos en Ñuri. Nunca más vimos al forastero y muchos creen que nunca existió, que era una divinidad protectora, yo no tengo una respuesta, pero le debemos la vida. No sé si volveremos a saber de él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario